Pon a prueba tu imaginación.

im2La literatura fantástica inglesa de la segunda mitad del siglo XX tuvo en Angela Carter a uno de sus autores más celebrados e interesantes; esta escritora nacida en la localidad de Eastbourne dio a la literatura fantástica títulos como “La juguetería mágica”, “La pasión de la Nueva Eva” o “El doctor Hoffmann y las infernales máquinas del deseo”. Sin embargo la obra que ahora quiero comentar es un libro de cuentos titulado “La cámara sangrienta”, y más concretamente el relato “En compañía de lobos”, que sirvió de base para una de las películas del fantástico más celebradas de la década de los 80; “La cámara sangrienta y otros relatos” (en inglés “The Bloody Chamber and Other Stories”) es una recopilación de textos que reescribe en clave feminista la saga de cuentos tradicionales europeos desde el mismo relato que da título a la colección, “La cámara sangrienta”, sobre el cuento de “Barba Azul”, hasta “En compañía de lobos”, sobre “Caperucita Roja”; otros cuentos populares de “hadas” desfilan por este libro, como el de “La bella y la bestia” y “El gato con botas”; pero es precisamente la versión cartesiana del cuento de “Caperucita” el que ha logrado merecida fama, y por supuesto, quizá gracias a su versión homónima para el cine, es el relato más conocido del libro.
im1La película “En compañía de lobos” fue dirigida por el irlandés Neil Jordan (“Juego de lágrimas” y “Entrevista con el vampiro”) que coescribió el guión de la cinta con la misma Angela Carter, con una partitura de un George Fenton en estado de gracia y que fue protagonizada por una jovencísima Sarah Patterson, que entonces apenas contaba 12 años; el resultado no pudo ser más inquietante y turbador, como era de esperar; aún así la película fracasó en taquilla en el año de su estreno (1985), por desgracia, debido en parte a su pésima distribución, pero ganó algunos premios importantes que la dignificaron y acabaron por convertirla en una película de culto para muchos aficionados al género fantástico, y la verdad es que merece la pena su visionado después de sus más de 20 años a las espaldas; y hasta se podría decir que ha ganado en encanto, precisamente por su factura artesanal tan, digamos, ochentera. Hoy día, que estamos tan acostumbrados a ver cómo los cuentos de hadas son banalizados hasta la estupidez más ridícula por la industria del celuloide, no estaría de más echar un ojo a esta maravillosa cinta de los 80, y aunque sus efectos especiales puedan parecernos acartonados y rudimentarios después de películas como “Avatar” (¿tanta importancia tienen los efectos especiales de una cinta para que ésta resulte original y muy entretenida?), al menos tiene un guión mucho más decente, consistente y trabajado que los que perpetra el señor James Cameron; ya dijo una vez cierto director de cine, y con toda la razón, que de un buen guión puede salir una película estupenda, una película mediocre o una mala película, pero que de un mal guión sólo puede salir una mala película. Así que olvidemos el oropel de los efectos especiales y dejémonos llevar por una buena historia, porque la tecnología envejece muy pronto, como todos sabemos, pero las buenas historias son para siempre; eso es lo que tienen los lobos, que siempre han estado ahí con nosotros, desde que los oíamos aullar desde el abrigo de la caverna. Yo me lo creo.
Aquí les dejo un par de escenas de la cinta; no se puede pedir más.

Abel Tomás.

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